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ponlalavadora.es

Esto nació de un cabreo con la factura de la luz.

Un martes de enero, con el recibo en la mano y cara de pánico, dije aquello de «¿¡Pero esto qué co**ones es!?» en voz alta. Ahí fue donde empezó todo.

El nombre no es una metáfora rara ni un juego de palabras de agencia. Es literal. Estaba en el sofá pensando: "si pongo la lavadora a las tres de la madrugada, esto baja un 40 %". Cogí el móvil para mirar el precio por horas y me encontré con cinco banners, un chatbot pesadísimo intentando venderme una tarifa fija, un formulario para "calcular mi ahorro" (o sea, para quedarse mi correo) y un aviso de cookies que ocupaba media pantalla. Tío, que solo quería saber si la luz estaba barata.

A la semana registré el dominio. Nueve euros al año. El servidor son seis al mes —menos que el café que me tomo escribiendo esto—. La base de datos pesa doce megas y guarda cada hora de cada día desde junio de 2021: más de veinte mil registros. A veces la abro sin motivo, solo para mirarla. Sí, me he encariñado con una tabla de SQLite. No juzgues.

Aquí no hay equipo, ni inversores, ni roadmap, ni reuniones de las que salen más reuniones. Soy yo — Andreu, desarrollador en Sineratics Labs — a ratos sueltos, entre proyecto y proyecto, con un portátil y demasiados cafés. La web no lleva publicidad porque no me hace falta tu dinero. No lleva cookies de esas que te persiguen porque, sinceramente, no sabría ni qué hacer con tus datos. Y no hay formulario de contacto: si quieres hablar conmigo, ya sabes dónde encontrarme (y si no, lo tienes ahí arriba).

Los datos vienen de ESIOS, la API pública de Red Eléctrica de España. La primera versión llamaba a la API cada vez que alguien entraba. Hasta que un día me devolvieron un 429 —"para, que son demasiadas peticiones"— y me dije: chaval, haz caché y deja de dar la lata. Ahora se guarda todo en local, un robot actualiza los precios cada día sobre las 20:15 mientras duermo, y el resto del rato la web ni se molesta en tocar internet. Por eso va como un tiro.

¿Y el diseño? Sí, ya sé que es raro. Sin curvas, todo en blanco y negro, bordes gordos y fondo color folio viejo. Es a propósito. Estaba hasta el moño de webs pastelito con sombritas y degradados azules que parecen todas la misma. Quería algo que pareciera un periódico, no la app de un banco. Si te recuerda a un fanzine de los noventa, has pillado la idea.

Y ya está. La gracia es tonta: abres, miras el precio, decides si pones la lavadora ahora o te esperas, y te vas. Sin pop-ups, sin que nadie te persiga, sin venderte nada. Solo el dato. Si te ahorras unos euros y de paso te ahorras un dolor de cabeza, misión cumplida.

La parte legal en plan rápido: esto es un proyecto personal, independiente y sin ánimo de lucro. No soy una comercializadora, no vendo luz ni te voy a llamar a la hora de comer. Uso datos públicos. Si tomas decisiones con tu factura, la responsabilidad es tuya —aunque, oye, viendo cómo está el patio, seguramente aciertes más que tu compañía de la luz.